domingo, 5 de mayo de 2013

¿Son necesarios los alimentos transgénicos?


La modificación genética de distintos organismos es un tema de debate en la actualidad, con múltiples argumentos a favor y en contra. Quienes defienden esta cuestión aseguran que a través de la modificación genética se pueden conseguir alimentos de mayor calidad nutricional y aumentar la producción para satisfacer las necesidades mundiales, con cultivos y ganados más resistentes a plagas y enfermedades. Sin embargo, encontramos numerosas consecuencias negativas en varios aspectos:
o    Consecuencias ambientales: aumento de pesticidas químicos y herbicidas, reducción de biodiversidad, destrucción de ecosistemas y desarrollo de monocultivos.
o    Consecuencias económicas: monopolización de los cultivos por las empresas biotecnológicas, dependencia de los agricultores de la compra de semillas y productos fitosanitarios y aumento del precio de los productos no modificados.
o    Consecuencias sociales: fracaso en el objetivo de erradicar el hambre y la pobreza y arruinamiento de decenas de miles de agricultores en todo el mundo (200.000 suicidios de agricultores empobrecidos en la India en la última década).
o    Consecuencias en la salud: mayor nivel de residuos tóxicos en los alimentos, posibilidad de generación de nuevas alergias, envenenamiento de la cadena alimentaria y generación de resistencia en las personas a los antibióticos.

En la actualidad, los alimentos transgénicos son los más evaluados, y su salida al mercado se condiciona a una autorización sanitaria previa. Existen organismos a distintos niveles que evalúan los riesgos de estos alimentos, como la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) o la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y la Comisión Nacional de Bioseguridad en España. Tras 12 años de cultivos continuados no se ha demostrado efecto negativo alguno sobre la salud humana como resultado de su consumo. 
Sin embargo, que no se hayan observado efectos negativos no significa que no puedan suceder. De hecho, el principio de precaución nos dice que «cuando una actividad amenace con daños para la salud humana o el medio ambiente, deben tomarse medidas precautorias aun cuando no haya sido científicamente determinada en su totalidad la posible relación de causa y efecto».
A este respecto, el reconocido investigador de la UNAM, Julio Rubio Muñoz, escribió: «No es suficiente con que demuestren que no hay pruebas de que esos organismos causen daños a la salud [...], sino que demuestren claramente que esos organismos no ocasionan daño. Eso es lo que una metodología científica adecuada debe hacer».
No obstante, los intereses económicos de las grandes multinacionales parecen haber logrado apagar las dudas en los gobiernos de la mayor parte de los países del mundo. Aunque el debate sigue abierto en el ámbito científico, la población ha aceptado en general la modificación genética como un avance hacia la mejora de la producción alimentaria.

Personalmente, considero que no existe necesidad en absoluto de recurrir a la modificación genética para cubrir la necesidades mundial de alimentos. Si en lugar de emplear técnicas como los monocultivos, que degradan el suelo y el ecosistema y favorecen la aparición de plagas y la dependencia alimentaria de los países empobrecidos, y de reducir los terrenos dedicados a la agricultura en favor de actividades económicas que respondan a otros intereses, se tomaran otras medidas más eficientes y respetuosas con el medio ambiente, como la agricultura ecológica, se solucionarían los problemas de producción de alimentos sin dar lugar a consecuencias perjudiciales para el planeta y quienes lo habitamos.
En cualquier caso, no creo que el problema radique en la producción insuficiente de alimentos, sino en la mala gestión de los mismos, ya que en los países del Primer Mundo gozamos de tal abastecimiento alimentario que desechamos la mayor parte de ellos, mientras que en los países empobrecidos apenas disponen de ellos. Este hecho demuestra que no es necesaria una mayor producción, sino una mejor distribución de los alimentos, vinculada a unas políticas más justas e igualitarias.


Las imágenes utilizadas son obra de la artista polaca Pawla Kuczynskiego.



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