La modificación genética de distintos organismos es un tema de debate en la
actualidad, con múltiples argumentos a favor y en contra. Quienes defienden
esta cuestión aseguran que a través de la modificación genética se pueden
conseguir alimentos de mayor calidad nutricional y aumentar la producción para
satisfacer las necesidades mundiales, con cultivos y ganados más resistentes a
plagas y enfermedades. Sin embargo, encontramos numerosas consecuencias
negativas en varios aspectos:
o
Consecuencias ambientales: aumento de pesticidas químicos y herbicidas,
reducción de biodiversidad, destrucción de ecosistemas y desarrollo de
monocultivos.
o
Consecuencias económicas: monopolización de los cultivos por las empresas
biotecnológicas, dependencia de los agricultores de la compra de semillas y
productos fitosanitarios y aumento del precio de los productos no modificados.
o
Consecuencias sociales: fracaso en el objetivo de erradicar el hambre y la
pobreza y arruinamiento de decenas de miles de agricultores en todo el mundo
(200.000 suicidios de agricultores empobrecidos en la India en la última
década).
o
Consecuencias en la salud: mayor nivel de residuos tóxicos en los
alimentos, posibilidad de generación de nuevas alergias, envenenamiento de la cadena
alimentaria y generación de resistencia en las personas a los
antibióticos.
En la actualidad, los alimentos transgénicos son los más evaluados, y su
salida al mercado se condiciona a una autorización sanitaria previa. Existen
organismos a distintos niveles que evalúan los riesgos de estos alimentos, como
la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA) o
la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y la Comisión
Nacional de Bioseguridad en España. Tras 12 años de cultivos continuados
no se ha demostrado efecto negativo alguno sobre la salud humana como resultado
de su consumo.
Sin embargo, que no se hayan observado efectos negativos no significa que
no puedan suceder. De hecho, el principio de precaución nos dice que «cuando
una actividad amenace con daños para la salud humana o el medio ambiente,
deben tomarse medidas precautorias aun cuando no haya sido científicamente
determinada en su totalidad la posible relación de causa y efecto».
A este respecto, el reconocido investigador de la UNAM, Julio Rubio
Muñoz, escribió: «No es suficiente con que demuestren que no hay
pruebas de que esos organismos causen daños a la salud [...], sino que
demuestren claramente que esos organismos no ocasionan daño. Eso es lo que una
metodología científica adecuada debe hacer».
No obstante, los intereses económicos de las grandes multinacionales
parecen haber logrado apagar las dudas en los gobiernos de la mayor parte de
los países del mundo. Aunque el debate sigue abierto en el ámbito científico,
la población ha aceptado en general la modificación genética como un avance
hacia la mejora de la producción alimentaria.
Personalmente, considero que no existe necesidad en absoluto de recurrir a
la modificación genética para cubrir la necesidades mundial de alimentos. Si en
lugar de emplear técnicas como los monocultivos, que degradan el suelo y el
ecosistema y favorecen la aparición de plagas y la dependencia alimentaria de
los países empobrecidos, y de reducir los terrenos dedicados a la agricultura
en favor de actividades económicas que respondan a otros intereses, se tomaran
otras medidas más eficientes y respetuosas con el medio ambiente, como la agricultura
ecológica, se solucionarían los problemas de producción de alimentos sin dar
lugar a consecuencias perjudiciales para el planeta y quienes lo habitamos.
En cualquier caso, no creo que el problema radique en la producción
insuficiente de alimentos, sino en la mala gestión de los mismos, ya que en los
países del Primer Mundo gozamos de tal abastecimiento alimentario que
desechamos la mayor parte de ellos, mientras que en los países empobrecidos
apenas disponen de ellos. Este hecho demuestra que no es necesaria una mayor
producción, sino una mejor distribución de los alimentos, vinculada a unas
políticas más justas e igualitarias.
Las imágenes utilizadas son obra de la artista polaca Pawla Kuczynskiego.
Las imágenes utilizadas son obra de la artista polaca Pawla Kuczynskiego.


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